miércoles, 7 de noviembre de 2012

Them: Capitulo 2


Capitulo 2

Cassandra

Agosto 23, 2:36 pm, Maplewood, Nueva Jersey, EE.UU.



Después de eso, fue increíblemente fácil llegar al pasillo de la biblioteca. Los profesores estaban en el patio, vigilando a los chicos. Sinceramente, o los profesores son estúpidos, o decidieron que no les pagan lo suficiente para pastorear a los chicos a la salida.
Y aunque no había profesores, si había personas. Alumnos. Encontré a una chica y un chico besándose en el recoveco entre dos filas de casilleros. No me miraron ni una vez cuando pasé, lo que estuvo bien por mí.
No entendía porque Jake¹ quería verme, okey, ambos éramos psíquicos, pero mientras él no se metiera en mi amino, estaríamos bien. Aun así, sabía que si él quería verme, lo mejor era encontrarme con el, era puro pensamiento lógico.
Accedí a la mente de Haiden mientras me acercaba. No podía leer sus pensamientos, pero, como con los demás, si los podía implantar. Y par implantar una idea, necesitaba la ubicación de las mentes. El chico si estaba en el pasillo. Él había llegado antes. Estaba molesta por eso. Yo sabía que él iba a llegar a tiempo, antes que yo. Él era un telequinético, por amor de dios. Yo solo jugaba con la mente. Él se encargaba de lo físico.
Llegué enfurruñada, y con un limpio movimiento de mano, metí, giré, y saqué la llave. Entré al pasillo. Miré el reloj de mi celular. Eran las 2:41 pm.
—Tenemos menos de veinte minutos para hablar, si no queremos que Jones nos encuentre aquí, Jake. —avisé. Remarqué el «Jake» para irritarlo.
—Mi nombre es Haiden. —murmuró.
¿Oh, de verdad? ¡Lo había olvidado!
Idiota.
Sonreí ampliamente, ya que conseguí lo que quería. Aun así, no lo miraba a los ojos.
—¿Cómo sabes cuanto tiempo tenemos? —preguntó.
Ignoré su pregunta.
—¿Para que vine? —exigí.
Me estudió con los ojos entrecerrados.
—No lo sé. Quería saber sobre ti. Eres la primera psíquica que conozco, y si no lo eres, eres de la primera que soy consiente de lo que es. ¿Te llegó la carta?
Oh, la carta. Si, cuando tenía cinco malditos años, los múltiples cabezas de una organización llamada “La Organización” (¡duh!), decidieron que yo tenía que saber que era psíquica. La organización era neutral, ayudaba a cualquier psíquico, y a cualquiera le decía que era. Aparentemente, a todos les llegaba una carta a lo cinco años —evidentemente, nos observan—. Ellos no nos impedían saquear a los normales, pero tampoco nos alentaban a hacerlo, no nos decían que éramos mejores que los humanos, pero tampoco informaban lo contrario. Completamente neutral, gris, Suiza.
—Se de los niveles, si, me llegó la carta.
—A mí, cuando llegó la carta, mi hermano la abrió. Se la enseñó a mi madre. Ella era una católica empedernida. Mi padre también era católico, pero a veces se saltaba la iglesia los domingos, olvidaba el diezmo, cosas pequeñas. Mi madre constantemente se lo recordaba. Mi hermano era un niño de mamá, y de papá. Cualquier, absolutamente cualquier cosa, se la decía a mi madre y luego a mi padre. Fue feo cuando se enteró.
—¿Qué pasó? —pregunté automáticamente.
Me reprendí a mi misma por hacerlo. No demuestres interés, era uno de los diez mandamientos para la supervivencia de los psíquicos. Haiden enseñó sus deslumbrantes y rectos, blancos dientes.
—…Pagará vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano y pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida y golpe por golpe. —Citó, luego agregó—: La ley de talión. Equivalencia. Secreto por secreto.
—Ojo por ojo el mundo acabará ciego. —Recité— Mahatma Gandhi.
—La mía se escucha mejor. —rezongó con una sonrisa.
—Tal vez, pero la mía tiene mucho más sentido.
—Podría ser, en el área de venganza, pero estamos en equivalencia. Si yo te doy un secreto, tú me das otro.
—Es posible. —contesté, entrecerrando los ojos.
—Lo tomaré como un si. Cuando mi madre se enteró de la carta, me preguntó cosas. Me preguntó como era el flash de una cámara. Yo, como niño de cinco años que era, levanté las manos como si fuera a hacer una foto, pero cuando hice la pantomima de aplanar el botón… si salió una luz. Mi madre gritó que era un monstruo, y me quería cortar las muñecas para sacar al demonio. Decía que yo no era su hijo. —Haiden parecía triste, dolido, herido. Estábamos cerca, a unos centímetros frente al otro. Sería tan fácil coger su mano… consolarlo… ¿Es eso… compasión? Cuestionó una voz dentro de mí. No lo era—. Mi padre, que si se tomo la molestia de leer el resto de la carta, comprendió que yo no lo había escogido. Intentó explicarle a mi madre, pero estaba loca. Mi hermano solo actuó como ella. Mi padre llamó al manicomio. Era lo adecuado para mi madre, ella debía recuperarse. También mi hermano. Yo, tan pequeño como era, lo entendía todo. Estaba dispuesto a esperarla. Pero mi padre me tomo de la mano, dijo que solo causaríamos la recaída. En plural, el y yo. Supongo que eso me mantuvo en pie. Habíamos estado dando vueltas por todo el país. Aquí mi padre, que se divorció un año después del ataque de mi madre, encontró una novia. Así que nos establecimos aquí, conseguí amigos. Me permití acomodarme. Se siente bien contarte esto, ¿sabes? Creo que me puedes entender. —se excusó con una sonrisa.
Lo entendía. Pero no lo consideraba suficiente para hablarle de mi desgracia. Aun así, lo hice.
—Cuando me llegó la carta, —comencé— mi padre la leyó. Iba dirigida a mi, pero el supuso que era de la escuela, así que la abrió. Mamá estaba fuera de casa, sabía que ella me hubiera entregado la carta. Durante un año, papá aprovechó mi ilusionismo en juegos de póker, me llevaba a lugares turbios, donde podía ganar más dinero. —Haiden me miraba concentrado, sin interrumpir, escuchando. Me permití bajar la guardia. Me iría hoy, convencería a mamá, no haría daño que el me viera vulnerable. Jamás nos toparíamos de nuevo—. Un día, —sollocé. De verdad lloraba. Había pasado tanto tiempo…— le dije que una amiga lo que hacíamos, ella me dijo su padre y ella iban a pescar, que ella no iba a escuchar a los adultos hablar, así que esa tarde le pedí a mi papá que me llevara a pescar. Él se burló de mí, me dijo que no dijera tonterías. Y esa noche fuimos al póker, él siempre me mantenía a su lado para que no lo pudieran acusar de trampa. Él me dijo que hiciera cuatro A’s, que ese sería el juego perfecto. Era arriesgado, pero yo no sabía de póker, ni que solo había cuatro A’s, así que obedecí. Otro jugador bajó un Full House. Tres A’s y un par de ochos. Lo golpearon por hacer trampa, pero me dejaron en paz a mí. Cuando regresamos, papá me golpeó a mí. Hubiera preferido creer que estaba borracho, pero no lo estaba. Me dolió…
Sollozaba incontrolablemente, y de repente estaba contra el pecho de Haiden, abrazada, sus brazos me rodeaban. Y me sentí segura. Solo me sentía segura por mi mamá. Y solo me dejaba tocar por ella. Pero mamá no estaba ahora, y yo necesitaba ser abrazada.
—Mamá despertó, ella estaba dormida en su habitación, esperando a papá. Llamó a la policía, lo arrestaron, se divorciaron, pasaron ocho años Vagamos por el país, incluso fuimos a Alaska, sin encontrar nuestro lugar. Llevamos un par de semanas aquí. Y ahora me estas abrazando, y aun más inusual, yo estoy llorando. —concluí contra su pecho.
Me abrazó unos minutos más, y yo estaba avergonzada, pero también más relajada a su alrededor. Un desembuche era necesario para hacer un amigo. Pero él no era mi amigo.
Salí de su abrazo —por suerte, sabía que no se me había corrido el rímel, siempre usaba a prueba de agua. Me asqueaba pensar en que en algún momento podía sudar y comenzar a transpirar sudor negro. Puaj—. Cuando oímos a alguien hacer sonidos en las puertas. El conserje.
—¿Te he dicho por que soy segunda clase de telequinesis si solo puedo mover las cosas? —susurró en mi oído— Por que también muevo seres animados.
Acto seguido, cerró los ojos y rápidamente, nos subió al techo.
Había leído en un folleto de la organización, que había cuatro cosas que podía hacer un telequinético. Tele-transportar, mover a nivel molecular, mover seres inanimados, y mover seres animados. Todos podían hacer el tercero, eran cuarta clase, algunos elegidos podían hacer uno de los segundos, en ese caso eran tercera clase, si movían los dos primeros eran segunda clase, pero si hacían todos, que eran casos realmente extraños, eran primera clase. Ahora, los casos más extraños. Los que podían mover solo seres animados e inanimados, esos eran segunda clase, por que no dominaban todo. Pero siempre era codiciado mover los seres animados. Era casi como controlarlos.
Observamos a Jones forcejear con la puerta al no encontrar las llaves. Luego lanzó las bolsas de basura por encima de la puerta, lo que me pareció chistoso.
—Oye, —murmuró— te invito a comer. Creo que aun tenemos que hablar.
Murmuré de regreso una afirmación.
Mientras Jones seguía haciendo el ridículo lanzando bolsas de basura sobre la reja, yo le mandé un mensaje a mi mamá.

Hola. No vengas. 
Yo voy ms tarde. 
Nos vemos. Bye.

Corto e informativo. Perfecto. Si, ya lo sé. No soy muy afectuosa. Culpa a una vida dura. Nótese mi sarcasmo, por favor. Cuando creímos que Jones se fue —habíamos estado recostados en nuestros codos, callados—, nos levantamos y dimos un vistazo. Cuando me aseguré de que no estaba, me acomodé justo en la orilla, salté, di dos vueltas en el aire, dándome el tiempo justo para poner mis pies debajo de mí sin lastimarme. Diez años de gimnasia, sorprendente.
Haiden me miraba desde arriba, boquiabierto.
Luego, cuando se recuperó un poco, buscó una de las tablas del techo y la mantuvo firme sobre el aire, entonces puso un pie sobre está y la tabla descendió lentamente. El solo podía mover coas que no fueran el mismo.
Cuando estuvo a mi altura —o lo más cerca que podía estar sin agacharse, ya que él era alrededor de diez centímetros más alto que yo— me preguntó—: ¿Cómo hiciste eso? Por un momento pensé que te habías muerto. —Luego me miró con reproche—. No lo vuelvas a hacer.
—Diez años de gimnasia, amigo, eso pasó.
Comenzamos a caminar por el callejón, Haiden con las manos en sus bolsillos, viéndose extremadamente bien mientras lo hacía. Estúpido. 
—¿Oye, cual es tu nombre? —preguntó.
—Cassandra. —Respondí— Como me llames Cassie, te muerdo.



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